JAN PALACH VINO A PRAGA, ARMADO, EL DÍA DE LA OCUPACIÓN

15. 1. 2019

Praga (aktualne.cz) – Es muy conocido que el día en que empezó la ocupación del territorio checoslovaco por parte de las Fuerzas del Pacto de Varsovia, en agosto de 1989, el estudiante Jan Palach arribó a Praga. Pero, hace poco el historiador Petr Blažek encontró que el día de la invasión, Palach portaba un arma y según las declaraciones de uno de sus compañeros de Universidad, llegó a considerar el usarla en contra de los soldados soviéticos. Así, es evidente que tuvo muchas ideas sobre actos radicales para rechazar o protestar por la ocupación de su país. Pero, al final sabemos qué método eligió: se prendió a lo bonzo junto a las escalinatas del Museo Nacional en la Parte alta de la Av. Wenceslao. La semana que viene serán exactamente 50 años de eso.

Su entierro se realizó en Praga, el 25 de enero de 1969 y contó con la participación de decenas de miles de personas. Pasó mucho tiempo en donde su nombre como que si no hubiera existido, hasta enero de 1989, cuando reventaron las manifestaciones en el marco de la “Semana de Palach”. Fue una de las señales de que el sistema totalitario caía. Bajo el nuevo sistema, se abren nuevas discusiones sobre Palach y su carácter; el historiador Petr Blažek tiene nuevas evidencias y tiene declaraciones de los compañeros de Palach. Lo que encontró es que esa imagen de un Palach como joven sensible, quien rechazaba la violencia, no es totalmente verdadera.

 

Preparó su cuerpo para el acto final

El estudiante de 20 años era, antes que nada un combatiente, quien se preparó con bastante tiempo para su “acto”, como llamó al prenderse a lo bonzo en las últimas cartas que escribió. Es hasta hace muy poco que se logró obtener los recuerdos o memorias de sus compañeros universitarios, quienes lo oyeron en sus análisis y confesiones. Palach consideró meterle tiros a los soldados invasores. Blažek analiza ya por varios años el acto de protesta y explica: “Sobre el arma de Jan PAlach y su análisis de poder usarla en contra de los ocupantes me lo comentó, hace como dos años, sus compañeros de la Escuela Superior de Economía: Marie Stříbrná y Václav Hanák, me lo dijeron durante un encuentro de un viaje a Kazajstán”.

Václav Hanák recordó el encuentro con su compañero, del 21 de agosto de 1968, por la mañana, no lejos de la Plaza Senovážné, en Praga. Palach acababa de arribar en tren de Všetaty, donde vivía. Le mostró con mucho cuidado su maletín… llevaba una pistola, que la quería usar para defender el edificio de la radio en la Av. Vinohrady.

“El Sr. Hanák intentó convencerlo de no hacerlo y lo alertó ante el uso del arma”, explica Blažek. Igual recuerda Marie Stříbrná, quien falleció pocos meses después de la reunión de los que viajaron a Kazajstán. Ella dijo que Jan Palach le enseñó, durante el otoño de 1968, un arma cuando fue a la Escuela Superior  de Economía de Praga. También tenía el plan de combatir contra los ocupantes. Ella también intentó convencerlo de lo contrario, le dijo que matar a un soldado soviético podía provocar una reacción semejante a cuando se atentó contra el protector Heydrich.

Ni Marie Stříbrná ni Václav Hanák quisieron después hablar sobre eso, sobre el arma, para que Palach no sea percibido como un terrorista. Y como al final no la usó, todo se prefirió dejarlo sin contar, para que no haya una mancha sobre su imagen. Blažek siguió buscando pruebas y hasta el hermano mayor de Jan Palach, Jiří, le confirmó la existencia del arma. Le dijo que tras la muerte de su hermano, él y su mamá encontraron una pistola “Browning” entre sus cosas, un arma que había sido del padre. La madre la escondió y con mucho secreto la desapareció, para evitar que las autoridades acusen a la familia de posesión ilegal de armas. ¿Qué hizo con el arma? Blažek dice que no se sabe, nadie lo sabe.

 

Un tema que prefirieron dejarlo en el olvido

Luego, como suele pasar, ni el hermano Jiří ni la mamá, Libuše, hablaron sobre el tema. Y tras la caída del comunismo, los compañeros de Jan Palach tampoco quisieron hacer pública la información para no crear escándalos ni ser criticados por querer parazitar de la historia. Al final, eran amigos, lo querían y habían visto lo que su muerte significó para la Nación. Explica Blažek. El historiador incluso conversó con un amigo cercano de Jan Palach: Stanislav Hamr. Habían estudiado juntos en la escuela básica del pueblo natal.

Le comentó que se interesaban mucho no sólo por la historia, sino también por las armas y los explosivos. Según Hamr, Jan Palach ya desde pequeño se preparaba para “un gran acto”, emulando a sus grandes héroes históricos.  Sus entrenamientos físicos, correr, nadar, le servían para ir moldeando el cuerpo, enfrentar el dolor. Hamr incluso recuerda que Jan Palach se sometía a dolores, de diferentes tipos y por diferentes formas, “para poder resistir, cuando llegue la ocasión”.

“Cuando tomamos en consideración que Jan Palach creció durante un período de postguerra y todo lo que hizo como pequeño en una ciudad pequeñita, con sus amigos, con armas o con municiones, entonces, ese episodio con el arma no sorprende del todo. Es importante destacar que Palach no utilizó el arma en contra de los soldados invasores. Pero, por otro lado nos muestra que sopesaba diferentes formas de resistencia radicales”, explica el historiador.

El historiador Blažek considera que una noticia de la agencia ČTK, aparecida el 4 de octubre de 1967 en el diario “Rudé právo” le dio la idea de la protesta contra la invasión y la indolencia general que se sufría: “110 budhista de Vietnam está listos a prenderse fuego según sean sorteados, en caso de que no se oigan sus pedidos”. Blažek cree que esa noticia lo inspiró. Era un grupo de gente que iba a sortear sus muertes como antorchas humanas. Quería reforzar su protesta y era consciente del impacto que causaría el quemarse vivo. No tenía más que ofrecer.

La carta que dejó en el maletín que quedó en el sitio donde se quemó dice: “Considerando que nuestros pueblos han caído en los extremos de la desesperanza, hemos decidido expresar nuestra protesta y estimular a la gente de este país de esta manera. Nuestro grupo se compone de voluntarios, quienes están decididos a dejarse quemar por nuestra causa. Yo he tenido el honor de sacar el número uno y con ello obtuve el derecho a escribir las primeras cartas y de salir en especie de antorcha. Nuestras demandas son: la cancelación inmediata de la censura. Prohibición a la proliferación de noticias. Si nuestras demandas no son cumplidas en cinco días, es decir al 21 de enero de 1969, y la gente no sale con apoyo suficiente (es decir con una huelga indefinida), arderán más antorchas”. Firmado “Antorcha 1” y tiene una postdata: “Recuerden agosto, en la política internacional se abrió un espacio para la Rep. Socialista Checoslovaca, aprovechémoslo”.

 

Un Gobierno que nación gracias al apoyo de los comunistas

Blažek encuentra que en este año 2019, la sociedad checa, a 30 años de la caída del comunismo, vive una “versión de opereta” de ese período de normalización impuesto después de la invasión de 1968. Es cierto que vivimos en otra sociedad y con otra coyuntura internacional. Pero es también cierto que el Gobierno Checo obtuvo el voto de confianza el año pasado gracias a los comunistas, quienes se han acercado lo más posible al gran poder, desde 1989. El jefe de los comunistas es hoy el 1er vicepresidente de la Cámara de Diputados. Al frente del Gobierno hay un ex agente de la policía política comunista StB

Blažek se siente muy curioso por ver quién del Gobierno acude a dar un discurso por el medio Siglo de la protesta de Jan Palach y de los 30 años de la “Semana de Palach”. El 16 de este mes, a las 11 horas en la Av. Wenceslao se inaugurará la Exposición Jan Palach 1969-2019,  donde Blažek es coautor. Una gran cantidad de los documentos usados por el historiador los encuentran en la página: www.janpalach.cz.     (misha)

 

en la Av. Wenceslao está esta placa que recuerda a Jan Palach, quien se quemó a lo bonzo para desperar la conciencia del pueblo checoslovaco